Es bueno admitir nuestras debilidades?

Reconozcamos que somos débil

El admitir que tenemos algunas imperfecciones es difícil, ya que nosotros los seres humanos fuimos creados a semejanza de Dios.

 

El apósto Pablo nos dice en

2 Corintios 12: 9-10 :

 

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

 

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

 


Cómo podemos vencer nuestras debilidades?

Si meditamos en aquellas sabias palabras del apóstol Pablo, identificaríamos que somos en este mundo la imagen viviente de Jesucristo.

 

Todos los días hacemos o pensamos algo que nos hace creer que no podemos ser dignos representantes de Jesús en esta tierra, pero sin embargo nuestras oraciones siempre deben estar dirigidas a que el Espíritu Santo nos haga entender y reconocer a lo que somos débiles.

 

Solo de esta manera reconociendo nuestras debilidades y defecto, es cuando el poder de Cristo reposará sobre nosotros, agradezcamos a Dios por cada una de las imperfecciones que tenemos; aquellas que nos hacen débiles, susceptible a las aflicciones y deleites de este mundo.

 

Cada vez que veamos este versículo que nos señala que cuando somos débiles, es allí cuando nos hacemos más fuerte; debemos meditar en que debemos mejorar y pedir el poder de Cristo para soportar todos los dardos del enemigo que nos quieran hacer rendirnos.

 

El no tener el discernimiento del Espíritu Santo para aceptar estas cosas que nos debilitan nuestra fe, nos arrastras hacia mundo; es la mayor limitación que podemos afrontar, ya que sin aceptación no hay perfeccionamiento por parte de Dios.

 

Tengamos siempre la seguridad que aunque no seamos perfectos, Dios siempre nos llama a ir a la casa del  alfarero, para que al reconocer nuestras imperfecciones, este nos coloque nuevamente en la rueda y pueda hacer de nuestras vida un mejor ejemplar del que eramos.

 

 

Jeremías 18: 1-6

Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:

Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.

Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda.

Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.